jueves, 31 de marzo de 2011

RITUALES ROMANOS DEL EQUINOCCIO DE PRIMAVERA: las fiestas de Cibeles y Atis y su relación con la Cueva Negra de Murcia (I)

CIBELES es una divinidad de origen frigio, que los griegos identificaban mayoritariamente con Rea, esposa de Cronos y madre de los dioses olímpicos. Era una diosa de la fertilidad, soberana de la naturaleza silvestre cuyo santuario estaba situado en el Monte Díndimo, en  la ciudad frigia de Pesina. En este santuario podía contemplarse una estatua pétrea de la diosa que se creía caída del cielo. Desde Frigia su culto alcanzó a todo el mundo griego y, posteriormente, al mundo romano cuando, en 204 a.C., los romanos se llevaron la estatua de piedra de la diosa a Roma erigiéndole un templo en el Palatino. La diosa es representada en el arte llevando en la cabeza una corona con almenas y sentada en un trono escoltado por dos leones o sobre un carro tirado por dos de estas fieras en las que se habían transformado Atalanta y su amante Hipomenes.


Son famosos sus amores con el dios Atis y sus celos hacia las bellas ninfas. Cibeles es la esposa de Atis, un joven castrado y asociado a rituales de mutilación sexual masculina. Entre las variantes  mitológicas de los amores de la diosa con este joven castrado, la versión frigia cuenta que Cibeles había nacido del semen de Zeus, caído al suelo como consecuencia de un sueño erótico mientras dormía, y que poseía órganos sexuales masculinos y femeninos.
Cuenta la leyenda que los dioses, al descubrir que Cibeles era hermafrodita, castraron los genitales masculinos a la diosa y de ellos nació un almendro cuyos frutos fueron ingeridos por la ninfa Nana, concibiendo así  al dios Atis. La ninfa lo abandonó al nacer y un macho cabrío lo amamantó y lo crió hasta convertirse en un muchacho tan apuesto que cualquier muchacha se enamoraba de él sólo con mirarlo. Cibeles fue una de las que se enamoró de él y, temiendo que se casara con otra, infundió en él la locura que le hizo castrarse a sí mismo, cosa que le produjo la muerte. Otras versiones, como la del poeta Ovidio (Fasti, IV, 223 y ss.), atribuyen la castración de Atis al dolor del dios, quien se automutiló tras enterarse de que Cibeles había asesinado a Sagaritis, una ninfa de los bosques de la que Atis estaba perdidamente enamorado, y cuya consecuencia última fue su muerte al pie de un pino y el nacimiento de la flor denominada violeta a partir de su sangre. 


La diosa madre Cibeles se hace acompañar siempre por ménades enloquecidas y coribantes que ejecutan sus melodías al son de flautas, címbalos y tambores y su culto está asociado a rituales mistéricos que prometían la salvación y una vida después de la muerte introducidos en Roma desde el final de la época imperial a través del mundo griego.

En la RELIGIÓN ROMANA, es la segunda quincena de marzo cuando se celebran diversos rituales relacionados con la diosa Cibeles su amado Atis y el árbol consagrado a éste, el pino. Eran las fiestas denominadas Attideia, instituidas como festividad oficial en el calendario romano por el emperador Claudio. Se conmemoraba en ellas la muerte y resurrección del dios Atis.

El periodo festivo comienza el 15 de marzo con el sacrificio de un toro y una procesión de Canoforos hasta el río Almo para coger cañas que son llevadas al monte Palatino en un desfile que quiere recordar los amores furtivos de Atis con la ninfa hija del río que había desencadenado los celos asesinos de Cibeles y sus funestas consecuencias.
Le seguía un periodo de nueve días en que los celebrantes del culto se abstenían de ciertos placeres, como comer carne de cerdo, pescado, beber vino y practicar sexo, alimentándose únicamente de pan, membrillo y frutos de granada.
Llegados al 22 de marzo se celebraba el Arbor Intrat, en que se conducía en procesión hasta el templo de Cibeles en el Palatino un pino talado en el bosque sagrado de la diosa y adornado por cintas y violetas. Se exponía cubierto con un sudario como si fuera el cadáver del difunto Atis y se celebraba un triduo de duelo, en que la gente veneraba la reliquia al son de una música de fondo a base de plañidos y sones de flautas curvas y se golpeaban sus pechos con piñas secas o con sus manos hasta hacerse heridas en sus propios cuerpos en recuerdo de la castración de Atis.
Tras ello, el día 24, considerado como Dies Sanguis (Día de la Sangre), se procedía a enterrar el pino en un sótano al son de trompas de boj, tambores, crótalos y otros instrumentos de percusión en medio de danzas que alcanzaban tal grado de frenetismo que los danzantes y sacerdotes oficiantes solían, como mal menor, hacerse cortes en los brazos regar con su sangre el pino y los altares y, como punto extático de su locura divina y de su devoción por Cibeles, por Atis y por el pino sagrado, acabar castrando sus genitales con una piedra de sílex. 
La noche del 24 al 25 de marzo transcurría en una vigilia que se rompía al amanecer del 25 con la proclamación a gritos de “evohé” de la resurrección de Atis y la celebración de una gran fiesta carnavalesca.
Tras un día de descanso, la fiesta concluía el 27 de marzo con una procesión de ablución en que, al son alegre de flautas y panderetas, en un carro tirado por bueyes se llevaba hasta el río Almo para lavarlos los objetos sagrados usados durante los días de fiesta, entre ellos el emblema enmarcado en plata de la diosa Cibeles. Luego se volvía al santuario donde estos objetos quedaban guardados hasta la primavera siguiente.
Las diversas ceremonias de esta fiesta primaveral tenían como finalidades principales  favorecer la fertilidad de los campos ante la inminente primavera y transmitir a la gente la creencia en la promesa de una vida futura tras la muerte que las religiones mistéricas pretendían difundir.

La tradición que aquí recogemos sigue viva actualmente en ceremonias religiosas y profanas, como las de carácter agrícola conocidas como “Mayos o Cruces de Mayo” y en las conmemoraciones de la Semana Santa y de la Pascua Cristiana.     
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Por su proximidad geográfica con el lugar en que escribo este artículo y porque mañana comienza el mes de abril (Kalendis Aprilibus) he de hacer mención a una fiesta murciana muy relacionada nominalmente con las Kalendas y en el fondo con el culto a las ninfas acuíferas y con la diosa Cibeles: las FIESTAS DE KALENDAS APRILI (Cueva Negra- Fortuna, Murcia) de las que hablaré en los próximos días, ya comenzado el mes de abril.  
 
MALA HOC SCRIPSIT PRIDIE KALENDAS APRILES MMXI

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